En un momento de importantes cambios, debates y reformas dentro del ámbito educacional, parece ser que la educación física nacional se ha encontrado ajena de toda participación o reflexión acerca de sus contenidos programáticos. Si bien, desde hace algunos años la asignatura pasó a llamarse Educación Física y Salud, en conformidad con los nuevos lineamientos que buscan fomentar un “estilo de vida activo y saludable”, dadas las “insatisfactorias” condiciones físicas en las que se encontraron los alumnos de octavo básico, reveladas hace un par de años, además de desarrollar habilidades motrices y actitudes proclives al juego limpio, la iniciación deportiva, el liderazgo, el trabajo en equipo, o el autocuidado, lo cierto es que muy poco, o casi nada se ha discutido sobre el verdadero valor pedagógico que entrega esta asignatura. Como un paradigma incuestionable y aceptado por todos los sectores, el binomio actividad física y salud no resulta suficiente para explicar y discutir ¿qué tipo educación física es la que se está desarrollando actualmente en nuestros colegios?

Dos problemáticas son las que resaltan a la vista. Por un lado, la introducción de pruebas estandarizadas sobre la educación física, se han instalado como parte de los nuevos paradigmas que buscan diagnosticar, evaluar y medir no solo a los conocimientos, sino que también hacia aspectos fisiológicos y antropométricos del alumnado. Cálculo del IMC (Índice de masa corporal), perímetros de la cintura o aplicaciones del Test de Navette o de Cafra, son sinónimos de una implacable traducción del rendimiento y la precisión como lógicas pedagógicas sobre el cuerpo. Inclusive, esto último es reafirmado por investigaciones quienes indican que mientras mayor sea la actividad física mejores resultados académicos obtendrán los escolares.

Por otro lado, los altos índices de obesidad y sedentarismo en la población escolar evidencian la preocupación por el paulatino surgimiento de alteraciones a la salud, como deformaciones en columna y síndromes de resistencia a la insulina. Si bien, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que entre los 5 y 17 años, se tenga al menos una hora de actividad física al día, el mapa nutricional elaborado el año 2013 por la Junaeb, reveló que uno de cuatro estudiantes de primero básico es obseso, y que la mitad de los niños entre cuatro y seis años se encuentran en rangos de sobrepeso y obesidad. Considerando que los estudios revelan que las clases de educación física duran en promedio catorce minutos, esto nos lleva a preguntarnos nuevamente, ¿qué lugar está tomando la educación física en todo esto?

Cabe señalar que históricamente la educación física nacional ha tenido un lugar postergado dentro de los planes escolares. Defendida a inicios del siglo XX por reformistas, intelectuales, profesores y médicos, quienes apelaban “al mejoramiento de la raza” como una garantía para el progreso de la nación, el escaso ímpetu generado en las autoridades, y la falta de recursos materiales y económicos para su implementación, la relegaron a un lugar secundario en detrimento de los llamados ramos “intelectuales”, tales como castellano, historia o matemáticas.

Hoy en día, existe cierto consenso al momento de aumentar las horas destinadas educación física, insuficiente donde se le mire, bajo los principios del riesgo que conlleva la inactividad y de una preservación casi obstinada sobre la salud. Enfrentar el creciente aumento de la obesidad infantil, desarrollar habilidades físicas de acuerdo a cada edad, y mejorar los hábitos alimenticios en cada niño, es una tarea que tiene que ser asumida bajo principios e iniciativas atendidas bajo perspectivas que incluyan lo social, la cultural, y lo histórico, las cuales han sido excluidas de toda posibilidad de inserción de un debate. Asimismo, la formación profesional vinculada al área de la educación física debe ser lo suficientemente sólida como para identificar y atender a las necesidades pedagógicas, y no solo responder hacia lógicas del mercado. Sin duda, la calidad de vida es un presupuesto básico en la actualidad, y la educación física tiene un lugar primordial en ello. Su función, debe ir más allá de la salud, como herramienta crítica en torno a los procesos y usos de nuestros cuerpos en sociedad.

 


Felipe Martínez Fernández es Lic. en Historia por la Universidad Diego Portales, y Magíster en Historia por la Universidad de Chile. Sus lineas de investigación se han desarrollado en el ámbito de la educación física y en el estudio de las prácticas científicas en Chile desde finales del siglo XIX hasta los principios del XX, abarcando una serie de ámbitos como lo pedagógico, lo médico, lo político y lo militar. 

 

PDF: Educación física, mucho más que salud.

 

Comments

comments