Ya sea por el surgimiento de diversos y renovados espacios recreativos, en el auge de los modelos orientados hacia una “vida saludable”, en campañas publicitarias que promocionan el éxito profesional y económico con el bienestar corporal, en el desarrollo de las industrias alimentarias y deportivas, o en las discusiones sobre su relevancia dentro de los sistemas educativo, practicar ejercicio se ha convertido en un sinónimo indiscutido de salud. Es en este contexto que en los últimos años, a la luz de estas premisas, se ha dado una tendencia a ampliar el campo de investigación para este tipo de estudios, entendiendo que la producción y transmisión de saberes vinculados a los sistemas de ejercitación, gimnasia y de educación física son intercambiados, apropiados y transformados en prácticas locales, con existencias situadas y mutables.

Son estos aspectos los que reúne la compilación realizada por Pablo Scharagrodsky, Miradas médicas sobre la cultura física en Argentina, 1880-1970 (Prometeo, 2015), planteando que más allá de un discurso médico, existió una heterogeneidad de prácticas ligadas a esta, en los que se incluyeron una diversidad de categorías desde la eugenesia, la fotografía, el socialismo, hasta el género, la alimentación, o la religiosidad, cada una de las cuales permearon, a su manera, a la cultura física argentina en gran parte del siglo XX.

 

Felipe Martínez: ¿Qué te motivó para desarrollar esta nueva compilación? ¿Qué tiene de nuevo a diferencias de las antecesoras?

Pablo Scharagrodsky: Las motivaciones fueron varias. En primer lugar, continuar y profundizar la discusión sobre ciertos problemas vinculados con la historia de la cultura física y sus permanentes diálogos con el heterogéneo discurso bio-médico, el pan-higienismo, los procesos de medicalización y modernización. En segundo lugar, hacer pública una producción con colegas. Esto es muy importante ya que considero que la circulación de este tipo de libros abre la discusión y genera nuevos desafíos en un campo que, en Latinoamérica, está consolidándose muy lentamente. En tercer lugar, construir espacios colectivos como esta compilación potencian las problematizaciones con sus matices, contradicciones, ambivalencias y paradojas, mostrando las múltiples posibilidades de enfoques, perspectivas y formas de abordaje frente a un mismo objeto de estudio.

Con respecto a las diferencias con las compilaciones anteriores este libro identifica y analiza en forma crítica el heterogéneo discurso médico y como éste se convirtió en una potente grilla interpretativa que permitió describir e interpretar a los cuerpos en movimiento. Vale decir, el discurso médico hegemónico -junto con otros discursos con fronteras porosas como el pedagógico, el jurídico, el criminológico o el religioso- colaboró en la construcción de una determinada forma de conceptualizar a los cuerpos. Con sus fugas, cuestionamientos y resistencias esta compleja operación hermenéutica marcó durante décadas la legitimidad del universo de la cultura física y, al mismo tiempo, su dependencia ante el saber médico definiendo e imponiendo, a veces compulsivamente, estilos de vida moralmente saludables.

 

FM: Uno de los principales conceptos que emerge en el texto es el de Cultura Física. En términos metodológicos, ¿Qué significó este concepto? y ¿qué rol jugó en ello las distintas teorías y discursos provenientes de los saberes médicos?

PS: David Kirk ha definido el concepto de Cultura Física como una dimensión del discurso sobre el cuerpo vinculada con la construcción de significados en tres formas institucionalizadas de actividad física: el deporte, la recreación y el ejercicio físico. Pensar el universo de estas prácticas corporales como prácticas sociales, culturales e históricamente situadas implica entenderlas como un terreno altamente conflictivo en el que distintos agentes, actores, instituciones y grupos sociales pusieron en circulación, distribución, transmisión y producción un conjunto de tópicos vinculados no sólo con el cuerpo, sino muy especialmente con temas y problemas que excedieron al universo biológico, como la nacionalidad, la patria; la argentinidad, lo foráneo; la sexualidad, la emocionalidad, el deseo; ciertos tipos de feminidad, masculinidad; la normalidad somática, la anormalidad física y el desvío; la belleza, la fealdad física, entre un sinnúmero de tópicos.

Vale decir, indagar a la cultura física en un determinado espacio y tiempo es una buena excusa para entender ciertas relaciones sociales, económicas políticas, sexuales, éticas y morales que se configuraron en el pasado y, que de alguna manera, siguen circulando en el presente.

 

FM: ¿Tuvo algún lugar relevante esta Cultura Física en el desarrollo de una argentinidad?

PS: La cultura física tuvo un papel no menor en la fabricación de un ideal corporal argentino ya sea a través de ciertos deportes (fútbol, boxeo, turf, prácticas de tiro, atletismo, etc.) o a través del Sistema Argentino de Educación Física (vigente en escuelas y colegios argentinos durante las primeras cuatro décadas del siglo XX). Este último fue producto de una combinación de axiomas, principios y características de distintos sistemas gimnásticos europeos ya existentes, y que precisó de un destinatario imaginario con características distintivas supuestamente argentinas. La invención de un sistema de ejercicios físicos y juegos necesitó la fabricación de un nuevo cuerpo, con aptitudes, capacidades, habilidades y destrezas diferentes y diferenciales al resto de los cuerpos nacionales (fundamentalmente europeos) ya existentes. En pleno debate sobre el verdadero sentido del ‘ser argentino’ y ante el surgimiento y la consolidación del estado-nación y del estado educador, la propuesta ‘romerista’ -junto con ciertos deportes- contribuyó a instalar un ideal ficcional sobre el ‘verdadero’ cuerpo (masculino) argentino. La clave para todo ello fue, en gran parte, el diagnóstico racial elaborado por el Dr. Enrique Romero Brest. Aceptando positivamente el carácter cosmopolita y el elemento indígena fusionado con la raza europea; el tipo argentino predominante hundía sus raíces con lo latino. La influencia latina fue el elemento diferenciador en su propuesta. Por lo que el Sistema Argentino de Educación Física -y varios deportes- tenían la doble función de potenciar lo moralmente ‘bueno’ y corregir lo incivilizado o moralmente ‘malo’ a partir de criterios andro y eurocéntricos. En el balance general, la ‘latinidad’ fue un aspecto altamente valorado el cual como legado en el cuerpo debía ser fortalecido. Los cuerpos de los niños -en este caso, varones- tenían ciertas características motrices, determinadas habilidades físicas, algunas predisposiciones morales que por diversas razones (‘latinidad’, pero también herencia, medio ambiente, educación, etc.) los hacían distintos y mejores a otros niños de otras nacionalidades.

La tradición ‘romerista’ -junto con la práctica de ciertos deportes fuera del ámbito escolar- contribuyó a instalar un imaginario corporal que con el tiempo se consolidó. El niño argentino en la escuela -o fuera de ella- se fue distinguiendo rápidamente. La agilidad asombrosa, la velocidad, la elegancia y la destreza fueron los rasgos distintivos del muchacho argentino. Estas características con el tiempo constituyeron la figura del ‘pillete’ en oposición al tipo lento, tardío, falto de elegancia, forzudo pero ‘torpe’ representado siempre por el “extranjero puro”. La operación de distinción estaba en marcha y atravesó no sólo el reinado ‘romerista’ durante las primeras tres décadas del siglo XX, sino que se extendió y potenció a lo largo de ese siglo. Esta narrativa fue uno de los rasgos de distinción  señalados como etiqueta de presentación ante al resto de las naciones ‘civilizadas’.

 

FM: En la compilación se muestra un abanico muy amplio de agencias, sujetos e instituciones, inclusive algunos disimiles entre ellos. Dentro de este universo, ¿Cómo pudieron convivir la fisiología, la antropometría, o la eugenesia en conjunto con una educación salesiana, el scoustimo o el incipiente socialismo argentino?

PS: La cultura física y demás propuestas de educación corporal (el escautismo, los exploradores de Don Bosco, las propuestas recreativas de los socialistas) estuvieron en gran parte legitimadas por, al menos, cuatro formas especializadas provenientes del discurso médico: la anatomía descriptiva, la fisiología del ejercicio, la ginecología y la antropometría. Estos saberes se convirtieron en la base a partir de la cual se describieron e interpretaron a los cuerpos, su funcionamiento y, muy especialmente, las diferencias sexuales. Dicha interpretación médica, impactó en las representaciones sobre los cuerpos y, en relación a la cultura física, posibilitó un conjunto de prescripciones referidas a la educación física escolar, las diferentes gimnasias, los juegos, los sports, las rondas escolares, las excursiones, los paseos, los picnics, y las colonias de vacaciones. De alguna manera, fueron estas cuatro formas especializadas provenientes del discurso médico las que explicaron, describieron y justificaron las condiciones óptimas para la realización de un movimiento, un ejercicio físico, un juego o un deporte.

Analizar la forma en que describieron e interpretaron los cuerpos y su funcionamiento es central ya que nos permite dar cuenta de las condiciones que permitieron definir legitimidades corporales y omitir, excluir o silenciar otras alternativas posibles de vivenciar la corporalidad identificando los matices entre los diferentes actores y grupos sociales ya que las socialistas, anarquistas, liberales o librepensadores encontraron en la cultura física un espacio material y simbólico para poner en circulación sentidos diversos sobre la sociedad, la ciudadanía, la sexualidad, la moral, la estética y la belleza entre otros tópicos.

FM: Pablo, para terminar, ¿cuál es el futuro para este tipo de historia? Qué áreas son las que crees que debiesen ser objeto de nuevos análisis?

PS: El futuro para este tipo de historia es enorme. Está todo por hacer, indagar y analizar. Usando una metáfora corporal: estamos en movimiento aunque apenas entrando en “calor”. Creo que deberíamos profundizar las interconexiones e interdependencias  (usos, préstamos, o resistencias) entre el nivel internacional y transnacional, el nacional, el regional y el local identificando las mediaciones y las nuevas producciones de sentidos en y sobre la cultura física que se generaron en muchos países y regiones latinoamericanas.

 


Felipe Martínez Fernández es Lic. en Historia por la Universidad Diego Portales, y Magíster en Historia por la Universidad de Chile. Sus lineas de investigación se han desarrollado en el ámbito de la educación física y en el estudio de las prácticas científicas en Chile desde finales del siglo XIX hasta los principios del XX, abarcando una serie de ámbitos como lo pedagógico, lo médico, lo político y lo militar. 

 

PDF: Miradas médicas sobre la Cultura Física. Una entrevista a Pablo Scharagrodsky.

 

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