La década del ‘30 del siglo pasado fue el momento de apogeo del movimiento eugenésico en Europa, América y algunos países asiáticos, años en que se implementaron tecnologías biomédicas y sociales a través de políticas públicas activas, dirigidas a realizar una selección artificial de la población que favoreciera la reproducción de determinados grupos humanos considerados mejores y evitara la reproducción de otros individuos considerados inferiores. El objetivo final era el mejoramiento de la raza/nacionalidad a través del control de la reproducción. La consideración de indeseable era variable y no solamente refería al cuadro clásico de las “razas”: negros, gitanos, europeos del sur, chinos y orientales en general, rusos judíos, tuberculosos, exconvictos, anarquistas, sifilíticos, alcohólicos, prostitutas, delincuentes comunes, etc. Las tecnologías biomédicas y sociales que se implementaban o proponían (en distinto grado según los países) fueron: el Certificado Médico Prenupcial (que en algunos países era vinculante y podía impedir el matrimonio), el control diferencial de la natalidad, el aborto eugenésico, la esterilización forzada de delincuentes e idiotas y el control de la “calidad” de la inmigración.

En el caso Argentino, los eugenistas intentaron participar en el sistema educativo a través de la educación sexual desde el primer grado, muy rechazada por la época. Además, y a instancias del médico italiano Nicola Pende, funcionario del gobierno de Mussolini en Italia y de enorme influencia en la Asociación Argentina de Biotipología Eugenesia y Medicina Social (AABEMS) que lo consideraba el “padre de la biotipología”, se inauguró en 1934 la Escuela Politécnica de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. De allí egresaban Auxiliares Escolares, Hospitalarios y Sociales cuya función principal era completar las Fichas Biotipológicas en el sistema educativo (primario, secundario, colonias de verano, etc.), en el sistema hospitalario, en el mundo del trabajo, en los cuarteles, cárceles y reformatorios. La biotipología, valiéndose de un conjunto de métodos y procedimientos para relevar datos antropométricos, psicológicos y clínicos volcados en las fichas biotipológicas, intentaba identificar y prescribir capacidades y aptitudes que implicaban roles sociales en la escuela, en el trabajo, en la diferenciación de anormales y funcionaba como insumo básico del programa eugenésico para paliar las posibles “degeneraciones de la especie o raza”. Se trataba de medir y controlar a la población con el objetivo de mejorar la salud y la calidad reproductiva, pero también para clasificar y ordenar los recursos humanos para que el sistema educativo fuera lo más eficiente posible con vistas al mercado laboral.

Aunque las fichas escolares eran moneda corriente desde principios de siglo XX en la Argentina, cuando José María Ramos Mejía era Presidente de Consejo Nacional de Educación, en la década del ’30 se proponen otras más exhaustivas y detalladas. Arturo Rossi (presidente de la AABEMS) propuso una Ficha Biotipológica Ortogenética Escolar para “(…) implantar una más racional y científica clasificación y graduación de los alumnos, base esencial de la novísima pedagogía, y toda vez que la escuela extienda su acción a la verdadera profilaxis individual de los educandos haciendo eugenesia y dando sus nuevas normas a la Medicina Social”. Se trataba de una ficha notablemente compleja que incluía responder sobre casi 300 cuestiones, a las que se agregaban para el caso de los anormales psíquicos otras 60, muchas de las cuales recuerdan claramente la antropología criminal de Lombroso, la biología política endocrinológica de Pende, las distintas formas de la craneometría, frenología, etc. Por ejemplo, se preguntaba, entre muchos otros aspectos, por:

  • Características raciales: raza, color, forma del cráneo, índice craneano, forma de la nariz, índice nasal, color y tipo de cabello.
  • Ambiente doméstico del educando: moral del hogar, grado de cultura de los padres, costumbres familiares, conducta en la Escuela.
  • El biotipo constitucional, edad aparente, toda clase de consideraciones sobre forma del rostro, labios —humedad, color y forma—, cabellos, forma de adherencia del pabellón de la oreja, forma del mentón; desarrollo e implantación dentaria; toda clase de medidas sobre tórax, miembros y abdomen.

Mediciones Antropométricas y perfiles biotipo del criminal hacia principios del siglo XX.

También se solicitaba un examen psicológico riguroso, en buena parte articulado atendiendo a lo que se consideraban las funciones psíquicas primordiales, por ejemplo:

  • Sobre la atención se indagaba si era: espontánea o provocada, sensorial o emotiva, voluntaria, duración intensidad, extensión del campo de la conciencia.
  • Sobre la ideación (SIC): formación de las ideas, asociación de ideas, juicio, raciocinio y patrimonio ideativo.
  • Sobre los sentimientos: estéticos, éticos, egoístas, altruistas, afectividad, emotividad, curiosidad; por el pensamiento: imaginativo, realista, abstracto, lógico, fantástico-místico, sentido crítico.
  • Sobre la voluntad e instintos: laboriosidad, tendencia al ocio, impulsos, intuición, ocupaciones preferidas, tendencia a los juegos y a los deportes, instinto de conservación, reacción de defensa pasiva, instinto de propiedad, instinto de imitación, y otros.
  • Sobre el carácter: unión habitual, oscilaciones del amor, iniciativa, sugestión, moral, voluntad, autocontrol, adaptación al ambiente y otros.
  • Sobre tipos de carácter: tétrico, apático, hiperemotivo, estable, inestable, calidad moral dominante, tendencia afectiva, tórpido.
  • Acerca de los cultos a: la religión, la bondad, el dinero, la belleza, la verdad, la lucha.
  • Se solicitaba también: grado y tipo de inteligencia: fantástica, realista, lógica, analítica, sintética, orientación al trabajo, vocaciones.
  • Se preguntaba si el alumno poseía: moral religiosa, sentimientos patrióticos, tendencia sociológica, orientación política definida o enfermedades de la infancia.

 

Estos estudios se debían realizar según dispositivos de control y vigilancia exhaustivos bajo la atenta mirada de un triunvirato compuesto por el médico, el maestro y el inspector escolar. El objetivo era explícito: “(…) evitar que se mezclen en abigarrado conjunto los niños sanos de cuerpo y de espíritu, con aquellos que ostentan déficit sensorial, intelectual o moral. Y después de haber conseguido trazar la línea divisoria entre los anormales inteligentes y los deficientes o maleados en sentido moral, se puede llegar todavía más lejos en la precisión de diagnósticos, puesto que la cantidad y calidad morbosa puede ser tanta y tan variada que exija muy especiales procederes de enseñanza y disciplina”. El análisis detallado de las fichas revela que, más allá de los deseos y los ideales biopolíticos que las generaron, son de casi imposible realización tanto cualitativa como cuantitativamente. De hecho, al menos bajo esta forma, no prosperaron más allá de algunas pocas experiencia piloto.

Ha pasado poco menos de un siglo, la eugenesia y la biotipología son cosas del pasado. No hay riesgo plausible de una reedición de esas formas burdas de control social. Sin embargo, no es nada desdeñable en nuestra cultura la persistencia de la discriminación y estigmatización de grupos o individuos. Con el agravante de que los mecanismos de control ideológico de la actualidad son más sutiles y efectivos.

PDF: La Biotipología como herramienta eugenésica y de control social.


Héctor Palma es profesor en Filosofía (Universidad de Buenos Aires), Magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Universidad Nacional de Quilmes) y Doctor en Ciencias Sociales y Humanidades (Universidad Nacional de Quilmes). Actualmente es profesor Titular concursado de Filosofía de las Ciencias e investigador del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología ‘J. Babini’ en la Universidad Nacional San Martin (UNSAM). Sus temáticas de investigación se han centrado por un lado en la historia y filosofía del evolucionismo, con especial atención en el darwinismo, y por el otro lado en el estudio de las metáforas científicas.

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